Fragilidad

Choco

Ayer entré a la que era la habitación de mis abuelos. Todo sigue igual, parece que el tiempo hizo una pausa en esa habitación.  Me detuve un momento a contemplar algunas fotografías que están en el tocador. Un nudo se me hizo en la garganta. En esas fotos están, primas, primos, sobrinos, por supuesto también están mis  tíos. El paso del tiempo resultó abrumador. Dos fotos me reconfirmaron lo que todos sabemos, somos frágiles, somos vulnerables y somos, tristemente, perecederos. Literalmente con el paso de los años nos vamos descomponiendo, desarticulando. Todas las grandes familias pasan por esta desarticulación. En el esplendor de la familia, las reuniones son numerosas, todo es felicidad, todo está en orden, todos se quieren, todos comparten, todos están bien, al menos, eso parece. Con el tiempo, cuando los niños crecen, las reuniones cada vez son menos concurridas, en fechas especiales se trata de reunir a los más posibles, sin embargo, los sentimientos son diferentes, ya hay prisa, hay otros compromisos, hay resabios, en fin, ya no es lo mismo,  sin embargo aún se sostienen esas familias. Después de esa segunda etapa, viene el declive, el final. Cuando empiezan las despedidas, cuando el tiempo o los estilos de vida empiezan a pasar factura, las que antes eran reuniones numerosas para divertirse y compartir, ahora son numerosas porque son para despedir a alguien, se vuelven reuniones de reencuentro en la que nos acordamos que somos muchos y que ese al que  ahora despedimos, fue parte de nuestros cariños, y nos carcome la conciencia a muchos, por no haber estado más y mejor…

Esas dos fotos que me recordaron nuestra fragilidad fueron, una de mi tío Juan y otra de mi tío Carlos.  El cambio en ambos es sorprendente, más en mi tío Juan, por su enfermedad, por su cara de desamparo, por su evidente fragilidad o no sé, no quiero pensar. La foto de mi tío Carlos tiene fecha, es de 1997, ha pasado tanto desde entonces. No tantos años como acontecimientos. Parece ya tan lejano ese tiempo. En ambas fotos, la cara es amable, sonriente. Me recuerda al Choco de antes, al del beis, al de las excursiones, al que no estaba enfermo ¡carajo!

Sentí miedo, mucho miedo. No por mí, sino por todos, por mis tíos, por mis tías, por mis padres. EL tiempo no perdona y nunca me ha sabido tan amarga esa frase.  La vida debiera vivirse al revés, debiéramos irnos de este mundo con la certeza de que todo y todos están bien, colmados de todos los cariños…

No quiero ahondar en el tema, me cuesta trabajo aceptar la realidad.

Comments
One Response to “Fragilidad”
  1. ernán dezá dice:

    Tengo casi cincuenta y seis años, Ross y ese sentimiento de fragilidad me embarga. Los cambios y las ausencias son inevitables, más que fechas y almanaques, son las que nos marcan el tiempo. No puedo aconsejarte nada, que guardes los recuerdos agradables y los otros trates de obviarlos, tal vez. No es fácil, Es la vida. Así de brutal y de real.

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